Jesús Esperanza de Gloria

Jesús Esperanza de Gloria

viernes, 13 de septiembre de 2013

por Ray C. Stedman

En esta mañana quiero comenzar con ustedes una serie que trata de el tema de la oración, tomando el desarrollo de esta serie mayormente del Antiguo Testamento la verdad y enseñanza en relación a la oración. Nuestro método seguirá siendo en forma expositora- -entendiendo lo que quiere decir cada pasaje pero será centralizado en el tema de la oración.
Hago esto porque siento la gran necesidad en mi propia vida en esta área. Yo quiero entender más del ministerio, el poder, y la necesidad de la oración. Yo siento que esta carencia es un problema común en la mayoría de los Cristianos. De hecho, yo quiero preguntarle a ustedes que indiquen levantando su mano si usted siente que carece en algo en su vida de oración. Bueno, con ese voto unánime, procederemos entonces a el tema de la oración.

Quiero comenzar con lo que yo creo es la primera oración en la biblia, se encuentra en Génesis 3 en la conversación entre Adán y Eva cuando se estaban escondiendo del Señor Dios, y le escucharon caminando en el jardín en el fresco del día. Ahora, hay palabras de parte de Dios al hombre antes de este acontecimiento en Génesis, pero este es el primer diálogo entre Dios y el hombre registrado en las Escrituras. Es esencial, por lo tanto, el ver al diálogo como una parte necesaria en la oración.

Oración, básicamente, es simplemente una conversación con Dios. Siempre hay dos personas representadas en la verdadera oración, usted y Dios y nadie más. Otros pueden estar presente, como en este relato donde habían dos personas y Dios. Pueden haber doscientas personas, o, como aquí en esta mañana, muchos cientos de personas presentes, pero la oración verdadera es siempre una conversación directa entre un ser humano y Dios mismo. Hay muchos tipos de oración que podríamos hablar y vamos a hablar acerca de ellas en el transcurso de estos estudios. Vamos a ver intercesión, acción de gracias, súplica, y varias formas de petición, etc., pero es fundamental en todas es que es simplemente una conversación, un diálogo entre un individuo y Dios.

Esto es lo que Jesús tenía en mente en su gran enseñanza de la oración en el Sermón del Monte. El dijo: Cuando ustedes oren·" (Fíjense que él no dijo si ustedes oran. Él lo toma por sentado que, en la vida Cristiana va a ver oración. Oración, como dice en un himno, es "él respiro natural del Cristiano." No podemos vivir sin ella. Entonces que vamos a orar en ocasiones; no hay duda al respecto.) Jesús dijo, " Cuando ores, ve a tu ropero y cierra la puerta, y ora a tu Padre que está en secreto." En la frase "cierra la puerta," el no quiere decir literalmente que tenemos que orar en roperos. Yo estoy seguro que si tratamos de hacer eso nos sentiríamos tan sofocados que no podríamos respirar, y la oración no podría durar por mucho tiempo. Además, no siempre hay roperos disponibles. Jesús está hablando en una forma metafórica, diciendo, " Cierra todo lo demás. Cuando ores no dejes que otras cosas interfieran. No estés envuelto en otros pensamientos o personas, sino que hables solamente con Dios mismo."

Yo encuentro interesante el escuchar a otras personas orar. A veces puedes oír cosas asombrosas. Cuando oyes puedes detectar a menudo que la gente no piensa acerca de Dios tanto como están pensando acerca de la gente que están escuchando a su oración. Conozco a un gran hombre, siempre que ora, casi sin variación empieza dirigiendo la oración a Dios, pero está tan consciente de otras personas que le escuchan que comienza a predicarle a ellos en la oración. ¿Han escuchado alguna vez algo como esto? Este hombre comenzó, "Nuestro Padre Celestial, te damos gracias que podemos ver delante de tí. Sabemos que Dios es un Dios que escucha la oración y que aquellos que vienen a Dios en oración serán bendecidos por Él." Ante que se dé cuenta él ha comenzado no a hablarle a Dios pero hablándole a aquellos que están presente acerca de Dios. Eso no es oración. Oración es conversación, simple y directa, entre usted y Dios mismo.
Eso es lo que pueden ver en el comienzo de este recuento en la Biblia. Génesis 3:8-9a:

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondióse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo {Gen 3:8-9a RVA)

Eso es el comienzo de la oración. Es sugerido aquí, y yo creo que es en una forma deliberada, que esto era algo común en las vidas de Adán y Eva. Es de notar que la primera oración registrada fue después de la caída. Aún el relato sugiere claramente que la oración había sido una delicia continua y bendición para Adán Y Eva, y fué parte de su vida diaria. Esto deja ver que es una acción común de parte de Dios. El viene al jardín en el fresco del día a conversar con los dos que son creación de sus manos, y juntos hablaron en el jardín.
No estamos seguro como Dios se le apareció a ellos. No se nos dice en las Escrituras, pero aparentemente el se apareció como otro ser humano. Es notable, que de hecho, es que en una manera sutil al menos, esto proyecta la encarnación, cuando Dios mismo vendría hacerse hombre-- no meramente como hombre sino actualmente como uno de nosotros y todo el énfasis que ha significado en términos de la oración desde la encarnación de nuestro Señor Jesús. Pero aquí, aparentemente, Dios aparece como hombre porque ellos le oyeron caminado en el jardín. El sonido de sus pasos le recordó a Adán y Eva que el tiempo había llegado para tener su conversación diaria e intercambio con Dios.

Ahora, la cosa más notable en este incidente, es que la iniciativa para empezar la oración comienza con Dios. Es el Señor quién viene al jardín. Es el Señor que llama al hombre. Oración, entonces, comienza con Dios. En muchas maneras, esa es la verdad mayor acerca de la oración que podamos aprender de este incidente, porque a través de toda las Escrituras esa verdad es fundamental en toda oración que es expresada de aquí en adelante. Así que siempre debemos leer las Escrituras desde ese punto de vista.

Muchas enseñanzas falsas han salido donde proyectan como algo que el hombre hace a Dios. En los mensajes que he escuchado con relación a la oración, a veces, se ve como si fuera el hombre quién rescata a Dios de una dificultad orando al tiempo adecuado. Más adelante en el relato en Génesis, donde Abraham está suplicando a Dios por las ciudades de Sodoma y Gomorra después de Dios haber anunciado que él iba a destruirlas por su maldad, suena como si Abraham se levantara y dijese, "Señor, de seguro que tu no vas a hacer eso! Ese no es tu manera de ser. ¿Tu no destruyes el justo con el pecador, o si?" {Gen 18:23-25}. Entonces Abraham procede a cuestionar a Dios en cuanto a cuantas personas justas se requería que hubiera en una ciudad para poder salvarla. El comienza con 50, después 45, y va reduciendo en cincos hasta que va sintiéndose más atrevido y comienza con diez. Finalmente el termina con diez personas, y consigue que Dios acepte que si hubiera diez personas justas en las ciudades el Señor les librará. Yo he escuchado mensajes en ese pasaje que suena como si Abraham fuera más compasivo que Dios, como si Dios tiene ira y es vengativo y ha perdido su temperamento y está dispuesto a destruir estas ciudades pero Abraham interviene y pone un alto en él y dice, "Ahora cógelo con calma. No vayas muy de prisa aquí. En esta ciudad hay personas justas."
Pero leemos incorrectamente este recuento si lo vemos de esa forma. El hombre nunca es más compasivo que Dios. La compasión nace de Dios y se deja ver en los seres humanos solamente cuando es implantado por el Espíritu de Dios. "Aquel que ama," dice Juan, "es nacido de Dios," {1 Jn 4:7}. Usted no puede sentir compasión y misericordia y piedad sin ser primero movido por el Espíritu de Dios. Es siempre un error, pensar que somos llamados en el acto de oración para hacer algo por Dios, o que estamos siendo llamados a perseverar en la oración a tal grado que, como dice el dicho, "ora por medio de" y persuade a un Dios renuente a hacer o no hacer algo que el ha puesto su corazón. Eso no es oración. Oración, es como en el primer instante en el Jardín del Edén, comienza con Dios. Es Dios quién llama. Es Dios quién ayuda.
De seguro que eso es lo que ese gran verso en Romanos 8 nos enseña: " Nosotros no sabemos qué orar como se debe," {Rom 8:26}. ¿ Se ha sentido de esa manera ÷ abrumado por una situación, sin poder casi analizar la razón, no sabiendo todos los factores envueltos, sintiendo su corazón dolido, y sin saber qué cosa pedir? No sabemos como orar como se supone, pero el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades, el Apóstol Pablo dice, y comienza el Espíritu a orar a través de nosotros para que nuestro corazón se convierta en el lugar de oración de Dios mismo. El Espíritu de Dios ora al Padre, y el quién conoce la mente del Espíritu atiende y actúa de acuerdo a lo que el Espíritu ora, usándonos como instrumentos.

Esa es la proyección correcta de la oración comienza con Dios. Eso es porque, cuando sentimos la necesidad o el deseo de orar, o de establecer un hábito disciplinado de orar, es Dios quien ha comenzado eso. El ha plantado ese deseo en nosotros y como resultado respondemos. Yo espero que recordemos esto ya que es la primera gran verdad que aprendemos en las Escrituras.

Noten también que la oración habitual de Adán y Eva tenían con Dios, en contraste con esta escena, fue aparentemente una conversación relajada, informal y sin restricción. Ahora, el pecado ha entrado. La pareja culpable se esconde en los arbustos, reconociendo su desnudez, sintiendo la culpa de lo que habían hecho. Pero el mismo relato implica que esto es algo diferente y nuevo, que lo opuesto a esta conducta fue verdadero antes de la introducción de la maldad, que ellos vendrían saltando y riendo ante la presencia de Dios de saludar a su Amigo amado al momento que el venía al jardín a platicar con ellos acerca de todo lo que tuvieran en sus corazones. Esto es una indicación de lo que usted puede encontrar en la oración en el resto de las Escrituras, especialmente lo que Jesús nos enseñó acerca de la oración. No venimos a un solemne, juez severo; venimos a un Padre amante.

Han habido ocasiones en mi ministerio aquí como pastor, durante estos 30 años, cuando he sido tratado ocasionalmente con mucho respeto, especialmente cuando viajo fuera de aquí ustedes saben que no hay honor para un profeta en su propia tierra! Eso no es verdad en mí, pero algunas veces yo recibo mas honra cuando viajo al extranjero. La gente me llama "Doctor" Stedman. Ellos hablan con una gran reverencia y respeto que es obvio, y eso está bien, en cierta forma. Pero saben ustedes que cuando mis hijos eran pequeños nunca me trataron de esa forma. Cuando yo venía a la casa de un día aquí en la iglesia, ellos no venían al garaje y decían, "Oh su gran majestad pastor de la Iglesia de Península, bienvenido a almorzar a la casa!" Ellos me conocían mejor que eso. Ellos estaban mas relacionado íntimamente conmigo que eso. Ellos corrían y brincaban a mis brazos y me decían lo que habían hecho en el día.

Ese es el retrato que Jesús proyecta de la verdadera oración; y eso es lo que ustedes ven, por implicación en el Jardín del Edén. El hecho de que esto ocurrió en el fresco del día es indicación de que fue un tiempo relajado y sin presión. Su trabajo, o cualquier cosa que estuviesen haciendo, fue terminado y ellos podían sentirse relajados y refrescados. Con una soda 7-Up en la mano, yo estoy seguro que ellos caminaron por el jardín, hablando con su querido Amigo en una conversación íntima y sin restricción acerca de cualquier cosa que estuviese en sus corazones. Eso es la oración, esa manifestación ingenua de estar en una forma relajada en la presencia de un Amigo fiel.

Pero ahora noten algo más es este recuento. El pecado ha entrado ya, y Adán y Eva se estaban escondiendo de Dios. Toda la informalidad se había acabado, reemplazada con miedo, sentido de culpa, y reacios a venir a su presencia. Pero Dios mismo otra vez toma la iniciativa de corregir esa condición. El comienza a hacerles preguntas a Adán y Eva.

Ahora, es muy, muy importante entender esto, porque es evidente en este recuento hay un golfo de separación entre el hombre y Dios, y es Dios quién emprende conectar el puente de ese golfo. Hay ocasiones en nuestra vida de oración cuando también sentimos ese sentir de que un golfo nos separa de Dios. Tenemos miedo o estamos muy cansados, o desinteresados para venir a él. Lo que me ánima en este recuento es que Dios mismo asume la responsabilidad de cambiar eso. Él lo hace en la oración al hacer las preguntas. Prosigue con las siguientes preguntas que salen de sus labios divinos:

"¿Dónde estás, Adán?" {Gen 3:9b} 
"¿Quién te dijo que estabas desnudo?" {Gen 3:11a} 
"¿Que es lo que has hecho? {Gen 3:13a}

Es muy importante, de hecho, entender que Dios no hace estas preguntas porque el no sabe las respuestas. El conoce todas las respuestas a las preguntas antes de hacerlas. Él nunca hace una pregunta para su beneficio propio; no hay recuento en las Escrituras de preguntas hechas para satisfacer la curiosidad de Dios. Jesús estaba siempre haciendo preguntas a sus discípulos, no porque el no sabía la respuesta, sino porque las preguntas requerían una investigación, una búsqueda de parte del individuo, y él mismo aprendería algo en la búsqueda.

Recuerdan ese gran pasaje en el libro de Job, cuando en el capítulo 38, Dios llama a Job y le dice, "Levántate ahora y ciñe tus hombros como un hombre y contéstame," {Job 38:3}. Él le recuerda a Job que él ha estado preguntando por ese privilegio por mucho tiempo, diciendo, "Si solamente tuviera la oportunidad de hablar con Dios. Tengo una preguntas que me gustaría hacerle acerca de lo que él me está haciendo a mí." Ahora Dios le dice, "Esta bien Job, está es tu oportunidad. Aquí estoy. Pero déjame hacerte algunas preguntas para saber tus credenciales, para ver si puedes jugar en mi liga." Entonces comienza la serie de preguntas científicas más notables que se hayan preguntado a un ser humano en la faz de la tierra. Pero Job no pudo contestar ninguna de ellas. Finalmente, el es encontrado de cara en el polvo, clamando, "Yo me aborrezco, me arrepiento en el polvo y la ceniza," {Job 42:6}. Dios entonces comienza a trabajar.

Algo parecido está pasando en el Jardín del Edén. Aquí están Adán y Eva escondiéndose. No quieren conocer a Dios, hablar con él, o verle, pero Dios mismo les llama, y gentilmente, sin rudeza, comienza a hacerles algunas preguntas. Su primer pregunta es bien importante:

"¿Dónde estás?" {Gen 3:9a}. No sé de ninguna pregunta más importante en la vida que esa. Dios está enseñándonos por medio de esto que, en esta tierra maldecida por el pecado en que los seres humanos tienen que morar, es importante que frecuentemente nos preguntemos, "¿Adonde estoy yo?" y evaluemos que está pasando en nuestras vidas.

Si alguien que nunca hubiese estado aquí anteriormente y se dirigiera a nuestro servicio hoy pero se perdió buscando el lugar y llama a alguien por teléfono aquí, y dice, "No sé cómo llegar allá. ¿Me podrían ayudar?" ¿cuál sería la primer pregunta que se le haría? Seguro que sería, "¿Dónde estás tu?" La primer cosa que el hombre o mujer, niño o niña deben hacerse asi mismo es, "¿Dónde estoy?" ¿Donde estoy en esta jornada en esta vida? ¿Qué me ha pasado? ¿Estoy cerca del cumplimiento de mis sueños que tenía hace un año atrás, o estoy más lejos y estoy encontrando que están desapareciendo en la distancia rápidamente? ¿Estoy cerca del objetivo, el ideal, o lo que quiero ser como hombre o mujer ahora comparado con algunos años en el pasado? ¿Dónde estoy yo?" Esa es la primer pregunta importante que debemos hacernos frecuentemente. Qué maravilloso es que Dios enseña al hombre esto acerca de si mismo.
Adán tuvo problemas con la respuesta. "¿Dónde estoy?" Bueno, aquí estoy Señor, aquí en los arbustos, sintiendo vergüenza y desnudo y alejado de tí." Él tuvo que haber realizado en su corazón que no estaba donde estuvo el día anterior. El comienza, quizás por primera vez, a entender la enormidad de lo que le ha pasado a él.

Yo he visto hombres y mujeres muchas veces pasar a través de esto; y ustedes también. Todas las dificultades de nuestra vida tienden a hacer la voz de Dios gritándonos, "¿Dónde estás? ¿Ha estado usted hace poco acostado en un hospital, por accidente o enfermedad, y allí en el silencio del cuarto del hospital cuando nadie está presente y usted tiene algún tiempo para pensar, y la pregunta surge en su corazón, "¿Dónde estoy?"
Adán tartamudea la contestación a la pregunta (Verso 10),

 "Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. {Gen 3:10}

La segunda pregunta es de igual significado: "¿Quién te dijo que estabas desnudo?" {Gen 3:11a}.
Esa es una pregunta muy perceptiva. Dios implica, "Yo no te lo dije, pero en algún sitio tu has aprendido esto. Tu nunca lo supiste antes." Es interesante imaginarse esta escena. Aquí están Adán y Eva jugueteando alrededor del jardín, disfrutándose, y haciendo su trabajo, totalmente desnudos, completamente ignorantes de las implicaciones de lo que pasa, ignorantes de que son candidatos de un señalamiento en algún lugar! Ahora, de momento, sin ninguna señal visible de cambio, están llenos de vergüenza por este suceso. La pregunta de Dios implica, "Alguien te dijo eso. Tu no lo encontraste tu mismo porque ha sido verdad por mucho tiempo y tu no lo sabías. Alguien ha estado hablándote." De hecho, él único otro presente que apareció aquí en esta escena es la serpiente. El debió haberle dicho que estaban desnudos. Así que Dios el Señor en su misericordia y compasión guió a esta pareja a un entendimiento que hay una necesidad tremenda en la vida de discernir de las voces que escuchamos.

Debemos nosotros también prestar atención a esta alerta. Hay muchas voces gritándonos todo el tiempo. Prendan la televisión y escuchen los anuncios comerciales. Las voces supuestamente silenciosas están gritándonos constantemente, "Tú necesitas esto. Tú no lo tienes. Tú estás necesitado. Tú necesitas este enjuagador de boca para que puedas resolver situaciones sociales. Tú necesitas este crucero lujoso por el Caribe porque te lo mereces. Alguien te está previniendo de hacerlo. Si puedes sobrepasar los obstáculos que se han presentado en tu camino quizás por personas que no tienen la intención tu puedes ganar lo que estás necesitando ahora y puedes tener la felicidad que estás buscando." Eso viene todo el tiempo, ¿no es así? Ese grupo de voces que nos dice, "Tú estás desnudo. Tú no tienes nada. Tú has sido engañado. Si solo tuvieras esto encontrarías lo que estás buscando." Aquí, en la oración, El Señor es capaz de disipar esta ilusión, de removerla de los ojos y enseñarles que otra voz y no la de él está hablándole a ellos. No sé de nada que sea más importante hoy día que entender que hay voces en este mundo que debemos rechazar. Hay ruegos que se nos hacen continuamente que debemos echar a un lado. No debemos oírles. Debemos cerrar nuestros oídos a ellas porque son las voces de otro y no del Señor nuestro Dios.

Entonces Dios le hace la tercera pregunta. "¿Que esto que han hecho?" {Gen 3:13a}. En respuesta Adán y Eva comienzan el juego antiguo de pasar la responsabilidad. Adán lo tomó como un hombre o le echó la culpa a su esposa! Eva lo tomó como una mujer ö le echó la culpa a los vecinos! Escondido en cada una de sus respuestas, está la implicación, "Es tu culpa, Dios." La mujer que me diste. Ella me dio la fruta y yo la comí. "La serpiente que dejaste en el jardín me sedujo y la comí. Los comentaristas hacen de esto un asunto grande y lo hacen justamente. Este es el comienzo de la tendencia natural de cada uno de nosotros de minimizar el sentido de nuestra culpa, de culpar a otros por lo que hemos hecho. Pero, de alguna manera yo creo que eso pierde el sentido de lo que este pasaje está diciendo, porque, en cada caso, ambos Adán y Eva son reducidos a tres palabras pequeñas que son de gran significado aquí. Ambas, terminan su efecto débil de justificarse con estas palabras de reconocimiento, "y yo comí," {Gen 3:12b, 3:13b}. Ahí está la responsabilidad que ellos reconocen que es de ellos. Ellos hicieron la decisión final. Ellos están tratando de encontrar excusas por la presión que estaban, pero últimamente han llegado al lugar donde lo reconocen, "Si lo hicimos. Comimos de la fruta que nos era prohibida."

Entonces todo cambia al instante. Dios ahora no los está probando; no hay más preguntas. Él asume el papel de abogado defensor. Él cambia ahora y enfoca en la serpiente y comienza a maldecirle, anunciándole ciertas consecuencias inevitables que seguirían al hombre y la mujer por su selección errónea. Sin embargo, Dios anuncia que el estaría con ellos en el asunto; el irá a través de la herida y tristeza con ellos. La escena termina con el Señor Dios mismo diseñando tiernamente de la piel de animales para vestir a Adán y Eva en su desnudes.

Esto es un recuento precioso del perdón de Dios. La gran lección para nosotros es que fue el acto de oración, el comienzo de un diálogo, doloroso como haya sido, que permitió al Señor Dios romper con la falta de entendimiento y confusión de su situación y ayudarles a ver adonde estaban en realidad y a aceptar su gracia perdonadora y amor restaurador. Eso es lo que es la oración. Es una forma de traernos otra vez a una relación con el Señor nuestro Dios.

Ahora, una palabra más acerca de esto. Este recuento indica la razón de nuestra poca disposición para orar. Somos como Adán Y Eva, a veces con miedo a Dios, o pensamos que el no nos cuenta o no nos ayuda, entonces ¿cuál es el uso de venir a él en oración? En nuestra confusión y aturdimiento, muchas veces, nos encontramos renuentes a orar. Esa fué la situación de Adán y Eva aquí. Su negativismo se puede ver en la entrada del enemigo en sus vidas. Estoy seguro que esto explica porque a veces encontramos difícil orar; no nos sentimos inclinados a orar. Pero la cosa maravillosa es que si traemos ese problema al Señor el nos ayudará , como este recuento indica, es su deleite de desenlazar los enredos que nuestros pecados han hecho, a ayudarnos a ver la realidad detrás de la confusión en que vivimos, y traernos de nuevo al lugar de reconocimiento y restauración.
Vamos a dejar el recuento aquí por ahora y confiar que hayamos aprendido como El Señor y Dios es en su gracia y que glorioso es la relación de intimidad y amistad que podamos obtener en él, sin importar los obstáculos a la oración que cada uno de nosotros confronta y vive a diario.
Oración
Padre nuestro, gracias por este recuento precioso, por la gloria del hecho que tú tienes en control para ayudarnos en nuestras limitaciones, sabiendo que fallamos en orar; y somos débiles en eso. Hay ocasiones cuando nos escondemos como lo hicieron Adán y Eva. Gracias por esa voz que rehúsa dejarnos, pero que gentilmente nos llama para enfrentar con nuestras limitaciones y prepararnos para encontrar el lugar de lavamiento y perdón y restauración. Oramos para que podamos aprender más acerca de la oración en el transcurso que seguimos este recuento en las escrituras. Enséñanos Señor, a poner en práctica este gran privilegio y gozarlo como fue la intención de ser gozado. Te damos gracias en el nombre de Jesús. Amén. 



Título: El Principio de la Oración
Serie: Estudios de la Oración del Antiguo Testamento

Pasaje: Génesis 3:8-13
Mensaje No: 1
Número de Catálogo: 3735
Fecha: 5 de Octubre de 1980

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jueves, 12 de septiembre de 2013

¿Son todos los hombres pecadores sin excepción?


“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque.” Eclesiastés 7:20

 Nacemos en pecado heredando la naturaleza pecaminosa de Adán:

“He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.” Salmos 51:5

“Desde la matriz están desviados los impíos; desde su nacimiento se descarrían los que hablan mentiras.” Salmos 58:3

 Nuestro corazón y mente son corruptos:

“Y el SEÑOR vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal.” Génesis 6:5

“Porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud.” Génesis 8:21

“Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?” Jeremías 17:9

“Porque del corazón provienen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” Mateo 15:19-20

 Nuestras obras son corruptas:

Estamos todos infectados por el pecado y somos impuros. Cuando mostramos nuestros actos de justicia, no son más que trapos sucios. Como las hojas del otoño, nos marchitamos y caemos,     y nuestros pecados nos arrasan como el viento. (NTV) Isaías 64:6

«No hay un solo justo, ni siquiera uno;no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» Romanos 3:10-12

¿Son todos los hombres pecadores sin excepción?

lunes, 9 de septiembre de 2013

GENESIS: EL METODO DE LA FE


por Ray C. Stedman


Esta Biblia nos ha sido dada para que la leamos. Es un gran libro, un libro impresionante. Comencemos por el principio de la Biblia y leámosla completa, libro tras libro, desde el Génesis hasta el Apocalipsis y estudiemos el ambiente, el mensaje, y la relación que tienen cada uno de ellos con el todo. Esta será una visión como la que se contempla a través de la lente de una cámara que se acerca al objetivo y lo agranda, examinándola libro tras libro. Dicho panorama hará posible ayudarnos a entender y examinar el modelo divino de la revelación. Uno de los más poderosos e inexplicables fragmentos de evidencia sobre la verdad de la inspiración lo hallamos fijándonos en el modelo divino que encontramos en toda la Biblia. ¿Cómo puede esto explicarse aparte de Dios, que un libro tan diverso en su autoridad, escrito bajo circunstancias igualmente diversas, ofrezca un modelo tan asombroso de la verdad a menos que proceda de un autor divino?
Estamos tan familiarizados con la Biblia que a penas si nos paramos a pensar en lo antiguo que es este libro. Hay un filósofo griego llamado Herodoto, un maestro y erudito que vivió unos trescientos años antes de Cristo, al que se le llama el padre de la historia. Es el primer historiador cuyos escritos han sido conservados y han llegado hasta nosotros. Cualquiera que haya estudiado algo acerca de la historia antigua habrá oído hablar de Herodoto, pero lo más destacado acerca de la Biblia es que Moisés, que escribió los cinco primeros libros de nuestra Biblia, había acabado de escribir sus libros y llevaba mil años muerto antes de que Herodoto viese la luz del día.
Así de antiguo es el Génesis, que es el libro de los principios. Al leerlo nos sitúa de nuevo en el amanecer de la historia de la humanidad, pero a pesar de eso es tan actual como el periódico de mañana y eso es, nuevamente, una marca de la inspiración divina tras este libro, del aliento de Dios. La Biblia posee una enorme cantidad de color y vida en sus revelaciones acerca de los principios de la vida humana. Aquellos que estén familiarizados con la arqueología saben que los cilindros, las tablas de piedra y los restos arqueológicos del pasado nos permiten captar una breve imagen de los hechos más rudimentarios acerca de la vida en las tierras antiguas y tienen poco interés humano. No tienen color, ni vida, ni carne, pero al abrir las páginas del Génesis descubrimos que los hombres que hallamos en ellas cobran vida. Abraham es más conocido que algunos de nuestros más familiares lejanos. Isaac y José, además de otros, son nombres muy conocidos para nosotros y hasta tenemos la impresión de que estamos hablando de personas que conocíamos en nuestro lugar de procedencia. A nosotros nos resultan así de próximas porque este libro las ha conservado de una manera tan maravillosa, dándoles color, profundidad, volviéndolas de carne y hueso, además de mostrar su modo de vida en aquellos días.
El Génesis no es solo historia porque evidentemente sería de poca importancia para nosotros de ser solo eso, pero el libro del Génesis es uno de los más tremendos mensajes que puedan pronunciarse en una sola declaración, que nos revela la insuficiencia del hombre sin Dios. Ese es el único propósito del libro y por ello es la nota clave de la revelación posterior de Dios. Revela que el hombre no puede nunca estar completo sin Dios, que no puede nunca descubrir ni cumplir con el verdadero significado de la vida sin tener una auténtica relación personal con un Dios que more en él.
La insuficiencia se nos muestra en tres ámbitos, ámbitos en los que todos nosotros vivimos. Primero en el ámbito de las relaciones naturales, por medio de lo que llamamos las ciencias naturales: la cosmología, el estudio del universo, su origen y composición; luego la geología, acerca de la tierra, en sus multiformes aspectos, acerca de los cuales creemos conocer tanto en la actualidad y la biología, el estudio de la vida misma en todas sus manifestaciones. Estas relaciones naturales son las que circunscriben nuestro contacto con el mundo físico que nos rodea.
El segundo aspecto es el ámbito de las relaciones humanas, que abarcan lo que llamamos sociología, psicología, psiquiatría, juntamente con otros "psicos a los que tanta importancia se concede hoy. Y finalmente, el ámbito de las relaciones espirituales, es decir, la teología, la soteriología y la filosofía. En relación con cada uno de estos aspectos vitales, incluyendo muchos de los detalles que nos interesan, el libro de Génesis revela que el hombre separado de Dios es totalmente insuficiente. Este mensaje resuena a lo largo de todo el libro como si fuese una campana.
Permítanme mostrarles lo que quiero decir. Los dos primeros capítulos tienen que ver principalmente con el mundo de la naturaleza. Este libro comienza con el hecho material más importante de nuestro mundo hoy, el hecho de que vivimos en un universo. Somos conscientes de ello cuando nos colocamos bajo las estrellas, en número interminable, como luces brillantes en los cielos y nos maravillamos ante el movimiento de los cuerpos celestiales, algo que el hombre ha contemplado con reverencia y un espectáculo ante el que se ha quedado maravillado durante siglos.
Hemos comenzado por fin a investigar en el universo a nuestro alrededor y hemos descubierto que vivimos en una gran galaxia, un cuerpo difuso de estrellas y de planetas, en el que hay millones de ellos. Nuestra propia galaxia se encuentra a trescientos mil años luz y para nosotros no es más que nuestra base en el universo. La primera base se encuentra allá afuera y el centro campista está mucho, mucho más allá. En este gran estadio de fútbol, sabemos que hay más de un millón de bases allá en el espacio y que existen galaxias como la nuestra. Nos quedamos alucinados cuando nos ponemos a pensar en ello, a pesar de lo cual las escrituras comienzan con estas palabras, desde la primera palabra misma. "En el principio creó Dios los cielos y la tierra --y al hombre. Esa es la historia del principio--de Génesis.
Nos encontramos en un universo que es realmente un misterio para nosotros. Sabemos muy poco acerca de él y en cualquier dirección que decidamos seguir no tardamos en llegar a un punto en el cual no podemos seguir más adelante. En cierta ocasión estaba hablando con un físico nuclear y me estaba contando algo acerca de la complejidad del núcleo del átomo. Me dijo que se había vuelto tan "astronómicamente complejo que no podemos ni siquiera empezar a entender todo lo que estamos descubriendo acerca de los elementos fundamentales sobre el tema. Es justo en este punto en el que empieza la Biblia a ofrecernos respuestas a las preguntas a las que no pueden contestar los científicos. ¿Qué es lo que hace que funcione el universo? ¿De dónde salió? ¿Quién nos creó? ¿Para qué estamos aquí? Y a pesar de que el estudio del universo es el tema actual de la ciencia, esta no ha encontrado respuesta a ninguna de estas interrogantes.
Ahora bien, el Génesis ofrece las respuestas a estas preguntas, las únicas respuestas adecuadas. Nos revela que la clave de la vida humana, incluyendo el universo material y el misterio de nuestra propia naturaleza, además del ámbito invisible de la vida espiritual, acerca de las que sabemos tan poco, es espiritual y no física ni material. Por eso es por lo que nunca podremos conocernos a nosotros mismos, al universo ni a Dios estudiando la naturaleza, de ese modo no lo entenderemos nunca y acabamos por encontrarnos ante una puerta cerrada. Se vuelve tan complejo que no lo podemos captar. ¿Por qué? Porque la Biblia nos dice que la clave se encuentra en el ámbito espiritual. Cuando cogemos este libro y lo abrimos, descubrimos que vamos más allá de todos los descubrimientos de la ciencia actual para introducirnos en un aspecto al que todavía no ha llegado la ciencia, en el que obtenemos las respuestas a estas preguntas.
No fue otro que Albert Einstein el que puso el dedo en la llaga con respecto a lo inadecuado de la ciencia al decir: "La ciencia es como leer una novela de misterio. Se va uno al kiosco del barrio y se compra una novela de cien pesetas (claro que hoy en día cuestan mas), nos la llevamos a casa y nos vamos a la cama por la noche. Se ha marchado todo el mundo y la casa está oscura. Nos metemos en la cama, encendemos la luz de la mesilla, nos colocamos bien las almohadas y nos ponemos a leer. En el primer capítulo se producen dos o tres asesinatos y hay varios cadáveres por ahí. El relato comienza a centrarse sobre el "quién lo habrá hecho. Según vamos leyendo nos vamos encontrando con una serie de claves. Cuando vamos por el tercer capítulo decidimos que el responsable es el mayordomo. Continuamos leyendo y la culpa parece apuntar más y más al mayordomo, pero al llegar al último capítulo en el que de repente toda la evidencia encontrada hasta el momento queda desbaratada y nos encontramos con que después de todo el responsable no ha sido el mayordomo, sino la viejecita con las playeras del tercer piso. Ha sido ella. Ahora Einstein nos dice que la ciencia es así. Que está siempre yendo de hipótesis en hipótesis, basándose en unas pocas claves aquí y allí, pero no consigue nunca encontrar la respuesta. Y de repente aparece una nueva luz que hace que los últimos cálculos resulten ser equivocados y las anteriores respuestas parecen ser de poco valor.
Lo interesante sobre el Génesis es que empieza exactamente donde acaba la ciencia. Hay que admitir que ofrece respuestas relacionadas con la fe, pero nunca una fe que transgreda la razón humana. La ciencia está siempre mirando al pasado y el Génesis empieza donde está investigando la ciencia. Si lo vemos de ese modo nos encontramos con que no existe un conflicto esencial. Aquí tenemos un libro que esta sencillamente tratando un tema con el que la ciencia no se ha planteado y, de hecho, que no se planteará: la clave del misterio de la vida humana.
En los capítulos tres al seis nos encontramos con el ámbito de las relaciones humanas y aparece el hombre en escena. Este libro revela que la unidad básica de la sociedad es la familia y entre diez y veinte mil años de la historia humana no se ha producido ningún cambio en relación con este planteamiento y la familia sigue siendo el elemento básico de la vida humana en la actualidad. Cuando una sociedad se olvida de ese hecho y empieza a destruir la vida familiar, los fundamentos de la nación se desmoronan porque la nación es una extensión de la familia. Los países de todo el mundo no son otra cosa que grandes grupos familiares. ¡Piense por un momento en la reacción uniforme de los norteamericanos el día de 1963 en que el Presidente Kennedy fue asesinado! No ha habido nunca una ocasión en que toda la nación americana se sintiese tanto como una familia como cuando John Kennedy se estaba muriendo. Eramos todos una sola nación. Una crisis puso de manifiesto que nuestro país no es otra cosa que una gigantesca familia. Dentro de la nación, dentro de la familia revelada en las Escrituras está la persona en particular, pero cuando la familia se desintegra, la nación comienza a derrumbarse.
Estos capítulos revelan también el fracaso del hombre en esta relación básica, porque el hombre ha intentado ser hombre sin contar con Dios y el resultado, como es natural, ha sido la introducción del principio del pecado. El pecado es, por así decirlo, como ese atornillador que ha sido echado en la maquinaria humana y hace que nos comportemos como lo hacemos. Al leer este relato verán ustedes cómo rechazo Caín a Dios y se convirtió en un asesino. Se marchó y fundó una civilización que acabó en apostasía y con el diluvio. Cuando Lot intentó alejarse de Dios, para evitar que influenciase su vida, destruyó a su familia como resultado de ello.
Esta forma de vida aparece una y otra vez en las Escrituras y aunque vivimos unos cuantos miles de años después de estos acontecimientos, hoy sucede exactamente lo mismo ¿no es cierto? Todas las generaciones han estado repitiendo el mismo ciclo. Lo vemos a todo nuestro alrededor en nuestra nación, en la que encontramos preciosos hogares, coches nuevos y todos los adelantos, a pesar de lo cual siguen produciéndose las luchas, la violencia y una inmoralidad totalmente impropia. El aumento del crimen y de hogares destrozados por todas partes son el resultado y dan testimonio gráfico del fracaso del hombre en cuanto a tener éxito a nivel de las relaciones humanas separado de Dios.
Finalmente, en la última parte del libro, que es una extensa sección que empieza a mitad del capítulo seis hasta el cincuenta, tenemos el ámbito de las relaciones espirituales. Es la parte más larga de este libro porque es la más importante para el hombre, su espíritu y la relación de éste con Dios. Esta es la historia de cinco hombres. Si recuerda usted las vidas de estos cinco hombres y lo que significan, tendrá usted casi todo el Génesis en la palma de su mano. Son Noé, Abraham, Isaac, Jacob y José. Génesis revela en la historia de estos hombres lo que siempre está buscando el hombre. ¿Saben ustedes lo que es? Creemos que lo que buscamos son cosas, pero sabemos que las cosas no son en realidad lo que queremos.
Toda la inquietud y las prisas de la época en la que vivimos se pueden entender como un esfuerzo por concentrarse en tres metas. En primer lugar, la justicia, el sentido de tener razón. Es por eso por lo que estamos siempre intentando justificarnos. ¿Qué sucede si alguien intenta acusarnos de algo? Empezamos a justificarnos y queremos tener razón. El hombre está siempre buscando la justicia. La segunda es la paz. Queremos tener una sensación de bienestar interior y una economía dorada basada en la "educación que conduzcan a "un alto nivel de vida es, sin duda, un sustituto barato. Con cuánta frecuencia se pronuncia hoy la palabra paz, no consiguiendo otra cosa que hacernos desear más la verdadera paz. El hombre está siempre buscando la paz. Y la tercera es el gozo. El hombre quiere tener una sensación de gozo, de felicidad en la vida. Esas son las tres metas invisibles, casi subconscientes, de la vida, la justicia, la paz y el gozo. ¿Dónde se encuentran? Romanos 14 dice: "porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. (Rom. 14:17) Solo Dios imparte dichas cosas a los hombres y ese es el relato de este libro.
Ahora nos revela de qué modo hombres que no creyeron ni obedecieron a Dios buscaron en vano estas cosas. Durante un tiempo Jacob, como sabemos, se negó a obedecer a Dios e insistió en hacer las cosas a su manera. Va y se convierte en un nómada y un siervo contratado por su tío. Acabó no solo siendo un impostor al que engañaron y su vida se hunde. Hasta Abraham duda ocasionalmente, va a Egipto y cae en el pecado de la mentira y del adulterio y una vez más la vida se viene abajo.
Pero si este libro, es decir el Génesis, pone de manifiesto la insuficiencia del hombre sin Dios, también revela la suficiencia del hombre con Dios y ese es el mensaje de gran importancia. En las relaciones naturales vemos que con Dios el hombre es soberano. ¡Si tan solo hubiera conocido a Adán antes de la caída! Debió de ser un personaje magnífico. ¡Qué tremendo poder y conocimiento debió tener acerca de los secretos de la naturaleza! Cuando echamos un vistazo al Nuevo Testamento y leemos acerca de los milagros realizados por el Señor Jesús caminando sobre las aguas, transformando el agua en vino, calmando la tempestad con una palabra y nos decimos a nosotros mismos: "Así es como obra Dios. Pero el Antiguo Testamento dice: "no, no es Dios, es el hombre. Eso es lo que debería haber sido el hombre, soberano, el rey del mundo.
Esto es algo que hallamos reflejado en el Salmo ocho. David dice mirando al cielo: "¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes y el hijo del hombre para que le visites? Y a continuación responde a esta pregunta diciendo: "Le has hecho señorear sobre las obras de tus manos, todo lo has puesto debajo de sus pies. (Salmos 8:4, 6). Eso solo se ve en Jesús. Por eso es por lo que el escritor de Hebreos dice: "no vemos todavía todas las cosas sometidas a él.- Sin embargo, vemos a Jesús... (Heb. 2:8,9) que como hombre es el cumplimiento de la intención de Dios para el hombre, es decir, que sea soberano sobre la tierra. En el jardín, antes de que cayese Adán, es señor de la creación, conocía sus misterios y controlaba sus actividades. El hombre ya no puede hacer eso. Sentimos el anhelo de hacerlo, pero no podemos hacerlo ya.
En el ámbito de las relaciones humanas, el libro de Génesis revela que el hombre con Dios vive en paz y en armonía con otros hombres. Una de las más hermosas historias del libro es la de Abraham viviendo bajo los robles de Mamre, rodeado de los cananitas, aquellos hombres que durante años habían sido sus enemigos, pero Dios obró de tal modo en la vida de Abraham que hasta sus enemigos estaban en paz con él. La historia de Abraham acaba con las tribus cananitas viniendo a él y diciéndole: "eres un príncipe entre nosotros. Por lo que se cumple lo que Dios dice en otro lugar, que cuando lo que hace el hombre le complace al Señor hace que hasta sus enemigos estén en paz con él. Esa es la clave, es el secreto de la vida en todas nuestras relaciones.
En lo que se refiere a la relación espiritual, Génesis declara que cuando el hombre tiene comunión con Dios comienza a conocer la felicidad suprema, la justicia, la paz y el gozo que anhela tanto. Solamente tiene consciencia de ello al descubrir que el Dios que mora en él es la respuesta a todas sus necesidades.
Esto es algo que se pone de manifiesto en la vida de cinco hombres. Repasemos rápidamente lo que dice. Noé es una imagen de la regeneración, un hombre que pasó por la muerte como figura. Estuvo a ambos lados del diluvio y fue preservado en el arca, al pasar por las aguas del juicio, por las aguas de la muerte, para salir a un nuevo mundo y a una nueva vida. Los imaginativos escritores de nuestros días están siempre intentando escribir un libro para describir lo que sucedería después de que un holocausto atómico hubiese eliminado completamente la vida de la faz de la tierra y cómo sería para una pareja nueva comenzar en un mundo así. Pero ninguno de ellos parece darse cuenta de que eso fue precisamente lo que sucedió en la historia de Noé y el diluvio. Ninguno de ellos parece haber captado el romance de Noé y su familia comenzando otra vez en una nueva tierra. Sin embargo, son una imagen de la regeneración, del comienzo de la vida como cristiano que pasa de la muerte a la vida (en Cristo) exactamente como lo hizo Noé después del diluvio.
A continuación viene Abraham y ¿qué es lo que nos enseña? La justificación por la fe. Era el caso de un hombre que vivía por fe. Todo lo que hacía le era dado, sin mérito por su parte, sin que hiciese el menor esfuerzo, pero Dios le guió y Abraham se apartó de las promesas y descubrió que la promesa de Dios era verdad. Su fe fue puesta ocho veces dramáticamente a prueba, así que si alguna vez tienen ustedes que pasar por pruebas de fe, lean la vida de Abraham. Encontrarán ustedes en su vida circunstancias similares a las que puedan estar pasando ustedes. Abraham nos enseña lo que significa ser justificados, ser amigo de Dios por medio de la fe.
A continuación está la fe de Isaac, que es una preciosa imagen de lo que es un hijo, lo que es ser hijo de Dios. Si hubo alguna vez un niño mimado, consentido y acariciado por su padre, ese fue Isaac. Fue el hijo, en el mas amplio sentido de la palabra. En la visión que nos ofrece este libro de él vemos lo que significa ser el hijo amado por el corazón de su padre. Y creo que no hay mensaje más necesario que el de Isaac como ejemplo maravilloso, acerca de cómo Dios nos mira Dios y nos llama los hijos amados de su corazón. "Amados, ahora somos hijos de Dios nos dice Juan, "y aún no se ha manifestado lo que seremos, pero seremos semejantes a él. (1ª de Juan 3:2)---seremos como Cristo.
A continuación nos encontramos con el relato de Jacob, que fue un pícaro, un intrigante, el hombre que estaba convencido de que podía vivir solo, gracias a su ingenio y a sus propios esfuerzos. Se dedicaba a engañar a todo el mundo y acabó siendo víctima del engaño. Jacob es una preciosa imagen de la santificación, esa maravillosa obra de Dios en la que nosotros, en nuestra insensatez, intentamos vivir la vida conforme a la energía de la carne, y nos vemos llevados a situaciones que hacen que nos sintamos arrinconados y en las que por fin, al igual que Jacob luchando con el ángel, descubrimos que Dios nos está hablando y nos damos por vencidos. Y cuando dejamos de esforzarnos, empezamos a vivir. Eso fue lo que hizo Jacob cuando renunció al Arroyo de Peniel, sabiendo que Esaú estaba esperando con un grupo de hombres armados dispuestos a quitarle la vida. Luchó con el ángel de Dios junto al arroyo; fue ahí precisamente donde Dios quebrantó a Jacob. Y como hombre quebrantado, teniendo que cojear durante el resto de su vida, se convirtió en Israel, príncipe de Dios. ¡Qué gran lección es esta! Algunos de nosotros estamos pasando ahora misma por esa experiencia. ¡Qué gran estímulo para nosotros!
Ahora nos encontramos con la última imagen, la de José, la glorificación. El hombre amado por su padre y maltratado por sus hermanos. Mientras pasa por esta relación terrenal se ve sacado de repente de la oscuridad de la prisión, para vivir en la gloria del trono del faraón, donde reina y gobierna como el segundo más importante del reino. Esta es la imagen de la verdad para el creyente. ¿Qué es lo que esperamos al acercarse la muerte? ¿No será la de ser trasladados de la oscuridad de esta existencia terrenal, de esta prisión en la que vivimos nuestros años, a ser de repente llevados ante el trono y la presencia de Dios mismo.
Así es como debe de ser ¿verdad? El ejemplo encaja de manera maravillosa. Descubrimos lo que Dios quiso para el creyente y el método mediante el cual el hombre llega a Dios y se apropia de todo ello. Esto se pone de manifiesto en este libro como el método de la fe. "Sin fe es imposible agradar a Dios nos recuerda Hebreos (11:6). Al creer, todo se hace realidad. No al creerlo de manera intelectual, sino al aplicarlo y actuar conforme a esa fe, todo se hace realidad en nuestra experiencia.
El mensaje final de Génesis es que Dios es absolutamente necesario para que la vida sea completa y sin él no podemos entender el mundo que nos rodea. No podemos entendernos a nosotros mismos ni a nuestro prójimo ni a Dios mismo. No hallaremos nunca ninguna respuesta sin Dios, pero si se han apartado ustedes o han excluido a Dios y se han sentido desgraciados y tristes, han sentido la oscuridad, la inutilidad, el vacío y el aburrimiento, todo aquello que es el resultado de que el hombre intente vivir sin él, Génesis nos dice que si volvemos al principio de la fe en Dios encontraremos ayuda, sanidad espiritual y la felicidad en todos los ámbitos de la vida. Dios es el secreto de la vida humana, esta es la primera y la última nota que hallamos en la Biblia.
Oración
Padre nuestro, te pedimos que nos concedas el anhelo y la motivación necesarias para entregarnos de lleno a lo que está escrito ante nosotros. ¡Cuántas dificultades y problemas nos ahorraríamos, cuantas aflicciones podíamos dejar de lado si tan solo supiésemos que tú intención fue que conociésemos este libro! Ojalá que nuestros corazones estén abiertos y dispuestos a buscar e investigar, a hallar y a saber que estamos en el universo, y no silenciosos, mecánicos, vacíos, no hallando eco a nuestro clamor, sino un universo extraordinariamente dispuesto por un Padre, por el corazón de un padre. Al aprenderlo y caminar por fe, haces que nuestra vida sea plena y llena. Pedimos que esta sea nuestra experiencia en el nombre de Jesús, amen.
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Nº de Catálogo 201
Génesis 28 de Junio,
1964 Primer Mensaje
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domingo, 25 de agosto de 2013

"¿Qué dice la Biblia acerca del racismo, prejuicio y discriminación?"

Por Got Questions.El primer punto a entender en este asunto es que sólo hay una raza – la raza humana. Los caucásicos, africanos, asiáticos, indios, árabes, judíos etc., no son razas diferentes. Más bien son diferencias étnicas de la raza humana. Todos los seres humanos tienen las mismas características físicas (con variaciones menores por supuesto). Pero lo más importante, es que todos los seres humanos fueron creados a la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27). Dios ama al mundo entero (Juan 3:16). Jesús dio Su vida por todos en el mundo entero (1Juan 2:2). El “mundo entero” obviamente incluye todas las etnias de la humanidad.

Dios no muestra un favoritismo parcial (Deuteronomio 10:17; Hechos 10:34; Romanos 2:11; Efesios 6:9), tampoco debemos hacerlo nosotros. Santiago 2:4 dice que cualquiera que muestra discriminación es como un “juez con malos pensamientos.” En cambio, debemos “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos” (Santiago 2:8). En el Antiguo Testamento, Dios dividió a la humanidad en dos grupos “raciales”; los judíos y los gentiles. La intención de Dios fue que los judíos fueran un reino de sacerdotes, ministrando a las naciones gentiles. En vez de eso, la más de las veces, los judíos se volvieron orgullosos de su posición y despreciaban a los gentiles. Jesucristo puso fin a esto, destruyendo el muro divisorio de hostilidad (Efesios 2:14). Todas las formas de racismo, prejuicio y discriminación son afrentas a la obra de Cristo en la cruz.

Jesús ordena que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado (Juan 13:34). Si Dios es imparcial, y nos ama imparcialmente, significa que necesitamos amar a los demás de la misma manera. Jesús nos enseña al final de Mateo 25 que todo lo que hagamos por el más pequeño de Sus hermanos, lo hacemos por Él. Si tratamos a las personas con desprecio, estamos maltratando a una persona creada a la imagen de Dios; estamos lastimando a alguien a quien Dios ama y por quien Jesús murió.

El racismo, en sus varias formas y diversos grados, ha sido una plaga en la humanidad por miles de años. Hermanos y hermanas de todas las etnias, ¡esto no debe ser así! Quienes han sido víctimas del racismo, prejuicio y discriminación, necesitan perdonar. Efesios 4:32 dice, “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” No, los racistas no merecen su perdón, ¡no más de lo que nosotros merecemos el perdón de Dios! “... presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” (Romanos 6:13). Hagamos que Gálatas 3:28 sea una completa realidad, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”


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